Por qué nace Hangar Abierto: mi camino de ultraligero a PPL y la realidad de volar en España

Aprender a volar, tomar decisiones prudentes y descubrir lo que significa tener un avión.

En España volar sigue siendo algo lejano para la mayoría de personas.

Incluso dentro del propio sector, muchas conversaciones se quedan en la superficie: modelos, horas de vuelo, anécdotas o destinos.

Pero se habla poco de decisiones.

Se habla poco de cuánto cuesta realmente mantener un avión. De cuántas veces decides no volar, aunque legalmente podrías hacerlo. De cómo cambia tu mentalidad cuando empiezas a volar con tu familia. De los límites, más que de las hazañas.

Después de varios años volando en ultraligero, utilizando el avión como herramienta real para moverme entre Navarra y Andorra, y tras dar el paso al PPL, entendí que lo que más me había hecho crecer como piloto no eran los días perfectos.

Eran las decisiones prudentes.

Hangar Abierto nace de ahí.

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De la curiosidad al primer ultraligero

Mi relación con la aviación empezó mucho antes de plantearme seriamente volar.

Tenía unos trece años. Estaba en el pueblo cuando vi pasar una pequeña avioneta volando muy bajo, dando vueltas como si buscara dónde aterrizar. De repente desapareció de mi vista. Salí a buscarla y la encontré: había aterrizado en un campo cercano.

El piloto estaba allí y, con la naturalidad de quien sabe que está despertando una ilusión en alguien, me dejó subir a la cabina.

Recuerdo perfectamente la sensación. Aquella estructura tan sencilla, casi rudimentaria. No parecía una máquina reservada a profesionales. Parecía algo mucho más cercano.

Me quedé allí hasta que volvió a despegar.

Ese momento se quedó guardado en algún lugar durante muchos años.

El primer paso

En 2017 decidí actuar.

La primera persona que conocí que era piloto tenía licencia de ultraligero. Me explicó cómo funcionaba y me habló de un aeródromo cerca de casa donde impartían formación.

Ni siquiera hice un bautismo de vuelo. Ese mismo fin de semana fui directamente a preguntar por el curso.

Empecé en el aeródromo de Sesma, en Navarra, en el aeroclub Los Pelícanos. Por circunstancias la escuela cerró durante mi formación y tuve que terminar las prácticas en Villanueva de Gállego, en Zaragoza, en Sport Pilots, donde también realicé el examen práctico.

La experiencia más especial llegó con la primera suelta.

Nunca sabes cuándo va a ocurrir. Lo esperas con ilusión pero también con nerviosismo. Cuando el instructor se baja del avión, de repente eres el único responsable de lo que ocurra en el aire.

Hice un par de tomas y despegues ese día. Y después de aterrizar sentí algo difícil de describir: una mezcla de paz, satisfacción y la sensación de haber cumplido algo que llevaba años esperando.

Propietario

Con el tiempo surgió la oportunidad de dar un paso más.

El avión era un FK9, un ultraligero basado en el mismo aeródromo donde yo volaba. Sabía quién lo había volado, cómo había sido su mantenimiento y cuánto tiempo llevaba parado. Me gustaba especialmente su ala alta, que ofrece unas vistas increíbles en vuelo.

En 2021 compré la mitad junto a su propietaria. Era una forma de entrar en la propiedad sin asumir todo el desembolso inicial, sabiendo además que ella apenas iba a utilizarlo. Dos años después adquirí la otra mitad.

Fue entonces cuando entendí lo que significa realmente tener un avión: mantenimiento, gestión, planificación y responsabilidad.

Andorra

Durante los primeros años volar había sido sobre todo ocio: excursiones, vuelos locales, escapadas por el norte de España.

Todo cambió en 2023, cuando me mudé a Andorra. El ultraligero pasó a ser la forma de ir y volver de Navarra siempre que la meteorología lo permitía: una hora y cincuenta minutos de vuelo frente a unas cinco horas de coche.

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En dos años hicimos unos treinta viajes de ida y vuelta. Esa ruta tiene su propio artículo: Volar en ultraligero entre Navarra y Andorra.

Cada vuelo era distinto.

Las decisiones que te hacen crecer

Con el tiempo entiendes que volar no es solo despegar y aterrizar. Es tomar decisiones.

Recuerdo un vuelo entre Navarra y La Seu d’Urgell. Había nubosidad dispersa y varios cúmulos que hacían el paisaje espectacular. Pero al consultar las cámaras del aeropuerto vi que el destino estaba completamente cubierto.

Todavía estaba lejos y tenía opciones: desviarme a La Cerdanya, Tiurana o Igualada. Combustible suficiente para cualquiera de ellos.

Decidí llamar por teléfono a la torre de La Seu en lugar de hacerlo por radio, para no ocupar la frecuencia. Desde la torre me comentaron que veían un claro entre las nubes.

Fui manteniendo contacto con ellos a medida que me aproximaba, volando siempre con visibilidad sobre la orografía hasta encontrar el hueco. Una vez debajo del techo de nubes la visibilidad era perfecta y había altura suficiente para la aproximación.

No fue una situación crítica. Pero sí un buen ejemplo de lo que es la aviación la mayor parte del tiempo: evaluar opciones con calma y tomar decisiones prudentes.

Aprender a decir «hoy no»

Otra lección llegó en el propio aeródromo de Navarra.

En la final de la pista 29 hay un vertedero donde, dependiendo de la época del año, pueden concentrarse decenas de buitres. Recuerdo varios días en los que llegaba con la intención de practicar tomas y despegues y, al ver treinta o cuarenta buitres volando alrededor, decidía directamente no sacar el avión del hangar.

Con pocas horas de experiencia y en un avión que todavía estaba conociendo, no tenía sentido asumir ese riesgo.

También hubo días en los que el viento cruzado por la tarde, muy típico en verano en ese aeródromo, hacía evidente que lo más sensato era quedarse en tierra.

Son decisiones pequeñas. Pero son precisamente esas decisiones las que construyen una cultura de vuelo.

El momento de cambiar de etapa

Durante esos años mi mujer también empezó a disfrutar de la aviación. Usábamos el ultraligero tanto para viajar como para descubrir nuevos lugares.

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Pero el ultraligero es un avión biplaza.

Cuando supimos que íbamos a ser padres, apareció una pregunta inevitable: ¿renunciar a volar en familia o dar un paso más?

La decisión fue clara.

Decidí vender el ultraligero, sacarme el PPL y buscar una avioneta de cuatro plazas que nos permitiera seguir usando el avión para lo mismo.

Ahora estoy en ese punto intermedio: buscando el avión adecuado para esta nueva etapa. Y voy a documentar todo el proceso aquí, con los números reales, las dudas reales y las decisiones reales.

Qué es Hangar Abierto

No quiero que esto sea un diario personal ni un canal de entretenimiento.

Quiero que sea un espacio donde documentar una evolución dentro de la aviación ligera, desde la propiedad de un ultraligero hasta la operación de un avión certificado, hablando con transparencia de costes, mantenimiento, operaciones y mentalidad de piloto.

La aviación ligera en España tiene pilotos excelentes. Faltan espacios donde hablar con naturalidad de lo que implica volar: los números, los límites y las decisiones que no salen en las fotos.

De eso va este proyecto. Las puertas del hangar están abiertas.

Siguiente artículo: Volar en ultraligero entre Navarra y Andorra.